jueves, mayo 14, 2009

Evolución, sociedad y política

Ya estáis viendo mi afición a juntar churras con merinas, pero es que al fin y al cabo todo son ovejas.

Darwin definió la evolución como un proceso de cambios pequeños pero que gracias al tiempo termina creando grandes variaciones respecto del original. El ADN se replica una y otra vez constantemente dentro de nuestro cuerpo. Si esta replicación fuese perfecta, el organismo original no habría cambiado, y en condiciones desfavorables, se habría extinguido. Es precisamente la capacidad de cambio la que permite que la especie se adapte a las nuevas condiciones y sobreviva. Actualmente se está viendo que podría haber más de una velocidad en la evolución, mezclándose periodos de gran velocidad con otros más lentos, es lo que Stephen Jay Gould denominó el equilibrio puntuado. Algo parecido discutieron previamente los geólogos; ¿qué forma un valle?, ¿la lenta pero inexorable erosión del río o las riadas excepcionales debido a lluvias excepcionales? Seguramente un poco de ambos.

A mi humilde parecer, la organización de las sociedades humanas ha tenido un camino parecido, periodos en los que no ha habido grandes cambios, por ejemplo varios siglos de feudalismo, o cambios súbitos como la revolución francesa que trajeron los principios de la democracia actual. Dentro de cada uno de estos periodos seguro ha habido grandes cambios, imperceptibles cuando se miran con la adecuada perspectiva, pero adaptaciones a las condiciones cambiantes de los gustos, inquietudes y miedos de la población y sus gobernadores. El hecho de que existiera ciertas formas de democracia durante periodos históricos como la época griega o romana (con esclavos, por eso digo ciertas formas de democracia) y otros periodos en los que unos pocos oprimen a todo un pueblo, puede hacer pensar que estamos abocados a que la democracia se acabe de nuevo, pero, ¿qué haría falta para que la democracia se perpetuase durante el resto de la historia humana? Seguramente lo mismo que los organismos, capacidad de adaptación.

Llevamos poco más de 30 años de democracia en España. En menos de 30 años, entre 1910 y 1940, pasamos de monarquías a dictaduras pasando por guerras y una república. Sin embargo, ésta democracia apenas ha variado. Sí ha habido cambios, pequeños cambios que han consistido en un lento pero inexorable distanciamiento de la clase política de las necesidades del pueblo. Lo que está pasando es que los poderosos están diseñando un país para su uso y disfrute sin importarle que el resto esté con el agua al cuello y eso ya no es una democracia, es una oligarquía. Para que ésta (y cualquier) democracia tenga éxito depende de que la clase política se regenere rápidamente cuando los gobernantes no están trabajando por la sociedad o no saben hacerlo. La estabilidad de los principales partidos y sus oscuros mecanismos de selección de candidatos, unido a la dificultad de aparición de otros partidos, no ayuda en nada a que se produzca dicha regeneración. Este sistema necesita la posibilidad de regeneración rápida, que permita a la sociedad volver a creer que es el pueblo el que manda, que facilite la adaptación de nuestra sociedad ante los abruptos cambios a los que se encamina la humanidad. Este país (y muchos otros) lo que necesita es echar a la calle a todos esos hijos de puta.

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