lunes, febrero 05, 2007

Polvo eres

Todas las mañanas Nieves Concostrina me alegra por un momento a través de radio 5 todonoticias. Ella siempre realiza un minireportaje (siguiendo el formato propio de R5) cuya temática es siempre la misma, la muerte y como los humanos nos enfrentamos, relacionamos o nos dejamos llevar hasta ella, de ahí su nombre: Polvo eres.

Lo cierto es que tenía la esperanza de que esta rutina se rompiera, pues me habían ofrecido un trabajo de biólogo que al final no ha culminado como tal, sino como lo habitual; tú, a la obra. Es por eso por lo que deseo hacerle un pequeño homenaje a esta gran periodista por buscar, redactar y radiar esas pequeñas historias, llenas del humor más negro (ese que tanto me gusta) porque consigue que por un momento me haga olvidar que no voy a un centro de investigación, sino a pintar una nave industrial (por ejemplo). Aquí va la historia de hoy, libremente copiada por mí.

Estamos acostumbrados a oir historias de familiares que tienen que cumplir con la difícil tesitura de dar una extraña sepultura de las cenizas del difunto marido, esposa, padre o madre. Desde aquellos que tienen que tirar las cenizas desde una avioneta en un punto UTM concreto, hasta aquel que se fue al más allá metido en un tetrabrick para seguir viendo el partido de fútbol de su equipo preferido. Pero la de hoy es sin duda la más curiosa de cuantas he oído.

Hace un tiempo, los directivos de Cruzcampo, la cerveza más consumida por los sevillanos, recibieron a una familia que les hacía una extraña petición. Les pidieron dejar las cenizas del difunto en un rincón de la fábrica para respetar el deseo expreso de dicho difunto, pues sin duda debía ser un gran bebedor de cerveza. Los directivos evidentemente les dijeron que eso no podía ser pues era una empresa seria y no pueden hacer una concesión de ese tipo. A los pocos días, las cámaras de seguridad registraron a un pequeño grupo internándose, urna funeraria en mano, en la fábrica cruzcampo y esparciendo las cenizas. Los directivos hicieron la vista gorda, pues comprendieron que lo mejor era dejarse llevar, óle por ellos.

Sin embargo, llegamos a las fechas de hoy y la vieja fábrica de cruzcampo de Sevilla cierra sus puertas y se convertirá en un bloque de edificios. Así, el difunto pasará de formar parte de la espuma de su cerveza preferida a integrarse en la burbuja inmobiliaria sevillana.

No he encontrado esta historia en su web, pero he descubierto que tiene un libro, ¡yuhu!

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